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"Volver sobre sí y sondear las profundidades de donde proviene su vida; en su fuente encontrará la respuesta a la pregunta - si debe crear. Admítala como suene, sin utilizarla. Acaso resulte que usted sea llamado a devenir artista. Entonces tome usted sobre sí esa suerte y llévela, con su pesadumbre y su grandeza, sin preguntar jamás por la recompensa que pudiera llegar de fuera. Pues el creador tiene que ser un mundo para sí y en la naturaleza, a la que se ha incorporado." (Rainer M. Rilke en Cartas a un joven poeta)

Por qué escribir

Escribir nunca fue una acción exclusiva de los que son o aspiran a ser escritores. Tampoco es una herramienta que sirve apenas para redactar exámenes o informes aburridos. Escribir es una forma de comunicarse, con el mundo y con uno mismo. Escribir es un derecho de todo aquel que quiera hacerlo.

Puede ser un desahogo, puede ser una lista de ideas desconectadas, puede ser la descripción de elementos sueltos. Puede ser la más pura ficción. 

¿Y si escribo mal? ¿Y si no puedo escribir bien? Eso es otro tema, totalmente distinto. Desear escribir bien implica conocimiento de gramática, lengua, y se puede lograr con la práctica. Hablo acá de escribir como recurso para crear, para descubrir qué queremos hacer, qué queremos decir, qué queremos ser. En este caso, la cuestión no es hacerlo bien o hacerlo mal. Es, sencillamente, hacerlo o no hacerlo.

Escribir desarrolla la idea, y ayuda a encontrar un modo de expresarla. Es capaz de ordenar lo que pensás y sentís, tengas la edad que tengas, tengas la formación - o profesión - que tengas.

La guionista Julia Cameron, autora de El camino del artista, sugiere como primera tarea para recuperar/estimular la creatividad escribir todos los días, por lo menos 3 páginas a mano. Sin una estructura premeditada, sin la necesidad de que sea un texto coherente. Recomienda el ejercicio de escribir sin pensar, escribir lo primero que viene a la cabeza, casi como un garabateo con palabras. Y, sobre todo, pide escribir sin considerar un destinatario, o sea, sin imaginar que alguien va a leer o juzgar ese texto.

Su curso ya tiene años, es un éxito indiscutible. La mayoría de los testimonios dice que, además de la constancia, lo que más cuesta es aflojar. Yo lo hice y comparto esa sensación.

El logro más importante de tomar la escritura como un juego es que le quita solemnidad, y permite dejar de verla apenas como un objetivo final. Cuesta aceptar que el papel no nos pide explicaciones, no nos pide gramática perfecta ni estilo literario. El papel no nos pide nada. Uno es el que se exige un rol repleto de prejuicios acerca de por qué escribir, para qué sirve y quién puede hacerlo.

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