4.4.17

Actitud Creativa: LAURA DELGADO

Laura Delgado es artista plástica, docente y psicóloga. Tuve la suerte de conocerla por vivir en Colegiales, mismo barrio en donde tiene su taller. Paso muy seguido por la esquina de Lacroze y Zapiola y me llamaba la atención el cartel con uno de sus dibujos, ahí colgado en el balcón. Además, arriba de ese mismo edificio hay una estructura metálica que bien podría servir para una hamaca voladora. Imposible no mirar.

Ese amplio taller de esquina es un espacio de búsqueda y encuentro. Cuando está sola, Lau dibuja y pinta, lucha con el trabajo, pero al mismo tiempo se ordena en él. Si te anotas como alumno, antes de la primera clase prepara unos mates y te invita a que te sientes con ella en la mesita de la cocina. Quiere saber un poco más sobre vos, saber por cuál de tantos caminos te puede ayudar a empezar.

Con mates también me recibió para nuestra charla. Un mate y una pregunta, un mate y una respuesta... en ese ritmo me acerqué a su Actitud Creativa. Pudo haber sido una entrevista, una clase de arte o una sesión de terapia. Aún no lo sé.

¿Poder reunir ambos aprendizajes, la carrera de Bellas Artes y la de Psicología, qué te permitió encontrar?
Lo pienso primero al revés: ¿qué me faltaría si no tuviera esas dos patas? Me parece que son muy necesarias las dos, que hablan más o menos de lo mismo, con distinto lenguaje. Porque se tratan de profundizar, de ahondar en la personalidad de uno, de conocerse. A través de distintas estrategias, distintos recursos o mecanismos. Aunque en apariencia parezcan distintas, están tan ligadas desde todos los puntos de vista, que creo que si me faltara una de ellas estaría medio coja.

¿Vos te lo planteaste así desde un principio, querías hacer ambas carreras?
En realidad vengo de una familia bastante tradicional, entonces la cuestión educativa apuntaba a una universidad clásica. Yo dije que iba a ser psicóloga cuando estaba en la primaria y no sabía ni qué era ser psicóloga. Siempre dibujé y pinté, obviamente, pero me costaba pensar que eso podría devenir en una carrera. Ni era una pregunta. Mi mamá siempre me decía de hacer un taller, y cuando ya estaba terminando el secundario me decidí. "Bueno, voy a hacer un taller, total después voy a entrar a la facultad, voy a trabajar y ya no voy a tener tiempo". Y ahí me di cuenta que era una profesión. Caí, por suerte, en el taller de la artista Esmeralda Laclau, y agradezco habérmela cruzado. Ya me había anotado en el CBC de Psicología, hablamos mucho sobre Bellas Artes y empecé a verlo como una posibilidad. También hablé en casa y me preguntaron si iba a hacer las dos carreras. "Hago las dos y después veo", me dije. 

Definido el camino, ¿empezó a haber una búsqueda específica?
Sí. La búsqueda estuvo siempre, pero fue mutando. Al principio era una voracidad de querer saber todo, una búsqueda muy académica y demasiado seria, incluso. Cuando eso más o menos estuvo agarrado con pinzas la búsqueda viró completamente. Ya no era querer saberlo todo, si no querer expresarlo todo. Ahí también se hizo más singular y profunda. Ya no era una búsqueda para fuera, era para dentro. Y esa sigue siendo mi búsqueda hoy.

¿Y qué encontrás... ya que hablamos de buscar?
Encuentro, en algún punto, siempre lo mismo. Tiene que ver con el deseo, con como se va moviendo a lo largo de la vida, con lo laberínticas que nos podemos volver las personas. Me pasa también que mientras trabajo purgo un montón de cosas. Y no lo digo terapeuticamente, no me resulta terapéutico, Pero, a su vez, cuando no estoy trabajando, cuando no estoy produciendo obra, todo se descuajeringa. Me cambia el humor, el semblante, el trato con los demás, hay algo que se desacomoda. Si yo estoy pintando estoy ordenada, estoy en mí.

Mantenés un taller con muchos alumnos, año a año. ¿Qué te aporta como artista esa regularidad en la docencia?
Tener el ojo entrenado y estar mirando todo el tiempo producciones ajenas, tratando de potenciarlas al máximo sí o sí mejora la mirada hacia tu propio trabajo. Por otro lado, es muy difícil armar una disciplina de trabajo cuando no tenés un jefe que te baje la línea y te diga qué tenés que hacer. Porque tengo fiaca, porque hoy no me inspiré, porque mañana está lindo y prefiero irme a pasear por ahí. Y el taller es un compromiso con los alumnos, es un compromiso conmigo misma, de ponerme a trabajar todos los días.

"El desafío es animarse a probar, buscar e investigar, dado que nuestra producción no es más que absoluta proyección de uno mismo". Es una cita tuya y quisiera que me hablaras un poco más sobre ese desafío y sobre la proyección que mencionas.
La proyección tiene que ver con lo que decía antes sobre la unión del arte y de la psicología. Es que salga de uno mismo, hacia afuera, oralmente, escrito o a través de una pintura, el mensaje interior. Y el desafío es porque todo el tiempo eso implica un riesgo. No por nada se le dice exposición a una muestra de cuadros, uno está exponiéndose mucho más que un par de telas trabajadas un rato en el taller. Uno está exponiendo toda una manera de ver el mundo, una manera de pensar, las cosas que a uno lo angustian, lo preocupan, lo obsesionan. Y si uno no lo proyecta, eso se "introyecta" o implosiona...

¿Implosionaste artísticamente alguna vez?
Sí, creando algo que nunca le mostré a nadie. Implosioné en el 2001, en plena época de crisis del país. Yo me recibí en Bellas Artes el mismo día que De la Rúa se fue en el helicóptero. Era una entrega, me fui sola con mi carpetita sin saber si iba a rendir, sin saber si la facultad iba a estar abierta. Bueno, estaba la profesora, me tomó, me aprobó, y yo salí recibida y no había nadie en la puerta. Volví a mi casa, hablé con mi familia y mis amigos y era "que bien, pero ¿viste que el país está por explotar?". Fue algo muy fuerte, y de esa época tengo una serie de implosiones. Son obras abstractas, y yo no pinto abstracto. Obras que no tenían imagen porque no había palabra para decir lo que me estaba pasando en ese momento.

¿Decís que fue fuerte para el ego, digamos, o hubo algo más?
Yo entendía que mi situación era insignificante al lado de lo que le pasaba al país, pero lo que desentramé después de muchos años de terapia es que tengo una historia de haber trabajado para pasar desapercibida en muchas ocasiones. Cuando empecé a crecer un poco a nivel artístico pude ver mejor ciertas cosas que hacía. Tuve que trabajar mucho para advertir estas situaciones y trabajo en ellas hasta hoy. Por supuesto también estaba el efecto dominó que generaba lo que sucedía en el país. "¿Y ahora con esto qué hago? ¿Cómo voy a conseguir un trabajo si la gente lo está perdiendo?", me preguntaba. Me acuerdo que tuve unos meses terribles, de mucho llanto y mucha frustración, de salir a buscar trabajo y no encontrar nada. Ahí se empezó a tejer el taller, me dije "ya fue, si no me va a tomar nadie, me tengo que poner a dar clases yo".

¿Por qué paramos de dibujar y por que debemos volver?
No todo el mundo sigue bailando, no todo el mundo sigue cantando, no todo el mundo sigue escribiendo. A nivel creativo y poético, un montón de actividades se pierden, no sólo dibujar. Y hay que volver a dibujar por la cita que leíste recién, porque uno está tramitando lo que le pasa a través del dibujo, porque a veces las palabras no alcanzan para decir lo que nos pasa. Y cuando te pones a dibujar o a pintar, hay algo que va circulando en un lenguaje diferente a la oralidad. Uno puede decir un montón de cosas que está pensando a nivel consciente, pero en el dibujo aparece la proyección inconsciente. "Mira este monstruo que me salió", decimos cuando dibujamos.

Resistir a la frustración inicial, insistir en el trabajo, seguir en el taller... ¿qué resultados observas en los que logran transitar ese proceso?
De dos tipos, psicológico y artístico, jajaja.  En términos artístico y académico una mejora técnica que permite ganar seguridad y confianza para empezar a mostrar lo que cada uno trae. Porque al principio, cuando uno necesita aprender las herramientas, cómo manejar la composición, el peso, los personajes... eso toma mucho el interés. Cuando eso está medio ganado podés soltar lo técnico e incluso aprovecharte de algo que esté deforme, o de algo que no esté funcionando correctamente, para transformarlo en algo expresivo. Y ahí aparecen muchas otras cosas, porque cada uno empieza a hablar de si mismo.

¿Cómo lidias vos con los bloqueos y los errores?
¿Lidiar? No sé como sería eso jajaja. Yo me re enojo, me angustio, me pongo a llorar, siento que no sirvo para nada, que tengo que dejar esto y dedicarme a otra cosa. ¡Así todos los días jajaja! Por suerte, cada vez más leo a otros artistas y me encuentro con que no estoy tan sola. Uno piensa que los grandes maestros siempre la tuvieron clara, que se sentaban a hacer algo y les salía una obra increíble. Y después cuando te pones a leer lo que pensaban y atravesaban, te das cuenta que la sufrían igual que la sufren todos, igual que la sufro yo. Eso genera alivio, nos humaniza, y también te hace no claudicar. El trabajo es un desafío, una lucha, una pelea de fuerza, pero también es un vínculo.

¿Vale siempre la pena, entonces?
Para mi el arte sirve porque lo disfruto, y si lo disfruto tiene valor. Un aspecto que arrastramos como sociedad es pensar que lo único que vale son los resultados. Yo te podría decir que estuve toda una semana pintando una tela y que después la tiré. No tengo el producto pero esa semana valió. La voz de uno siempre está. La cuestión es quien la escucha, quien la entiende y quien le da crédito. Es darle entidad a algo que empezó siendo apenas una idea. Esa pavada que se te ocurrió puede devenir en una obra maravillosa.

¿Cómo definís tu propia Actitud Creativa?
Creo que la actitud creativa no es sólo la que está cuando te ponés a pintar. La actitud creativa tiene que estar cuando te subís al colectivo, cuando tenés que cocinar la cena y abrís la heladera para ver qué tenes... tiene que ver con la manera con que uno dialoga con el otro. Es eso que se desarrolla todo el tiempo, en todo momento. Algunas de esas cosas te sirven para tu obra, pero en realidad es una actitud diaria, una manera constante de manejarte. Desde el lenguaje, desde el juego de palabras, los neologismos, los actos fallidos, las cosas que uno trae de los sueños que tuvo. Son cosas creativas que generalmente dejamos pasar. Cuando estamos en el colectivo y miramos la calle, se nos superponen algunas imágenes, entonces vemos algo nuevo. Poder percibir esas pequeñísimas cosas para mí tienen que ver con un rescate de lo creativo.


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Las 4 imágenes de sus obras que están en este post son fotos de Juan Pablo Monzon.
© Circo GolondrinaMaira Gall