27.12.16

Actitud Creativa MARIA LUQUE

Maria Luque es ilustradora y acaba de lanzar su primera novela gráfica, "La mano del pintor". Está sentada en frente mío en una mesa del Varela Varelita, el bar que le sirve como taller y punto de encuentro. La miro y la veo igual a como se suele autorretratar. Sonríe, habla apoyando su mentón en las manos y tiene las uñas pintadas de un color al tono con el rojo vibrante de sus lentes. Presto atención a esos detalles porque quiero ver cómo se mueven las manos de una ilustradora que no puede parar de dibujar.


Javier, el mozo, se acerca para preguntar qué vamos a tomar y dice que para ella hay dedicación exclusiva. Se va y a mi me sale empezar la entrevista de un modo bastante piropero también:

¿Venís siempre acá, Maria? 
Este año desde que estoy viviendo en Buenos Aires vengo casi todos los días. Porque no tengo taller, trabajo en mi casa a la mañana y llega un momento en que necesito salir, sino estoy en piyama todo el día. Y también para ver gente, mis amigas que vienen acá. A veces ni nos avisamos, yo sé que vengo y las encuentro. Me gusta, me voy haciendo amiga de los que vienen.

Vuelve Javier con la soda que le pedimos porque hace un calor tremendo en la ciudad. Maria va a servir y encuentra un sifón descontrolado, con mucha presión. A las carcajadas, hacemos buen uso del servilletero para secar la mesa y seguimos:

¿Cómo surge la idea para el libro?
La historia de Cándido era algo que me venía dando vueltas en la cabeza hacía un tiempo. Yo tenía ganas de hacer algo pero no sabía qué hacer con esa información. Era un aniversario importante de la guerra y hubo una convocatoria de parte del gobierno de Paraguay con los países involucrados para una residencia. Y yo me re entusiasmé, pensé que era lo que tenía que hacer. Armé un proyecto, mandé y no quedé. Eso me desalentó un poco porque no se me ocurría, entonces, qué hacer.

Pero le diste para adelante igual...
Yo no hacía historietas, por ahí cosas cortitas de una página, pero nunca había hecho historietas de ese tipo. Me sentía medio ajena a ese mundo, me sentía como una intrusa, como que necesitaba pedir permiso. No me animaba, eso me pasaba. Después me fui a Brasil, a hacer una residencia en Río de Janeiro y otra de las residentes era Power Paola, que a mí me encanta. Ahí la veía trabajar y creo que eso me ayudó a juntar valor... o ver gente más cercana, como La Watson, que también hace historietas. Yo veía lo que ellas hacían y me parecía que lo hacían desde un lugar que estaba buenísimo y no tenía mucha razón en tener ese miedo que me daba. Cuando empecé a pensarlo, traté de dejarlo de lado y por suerte me animé.

¿Y cómo armaste el proyecto?
Con José Sainz en ese momento apenas no conocíamos, yo le conté que tenía una novela gráfica y él se ofreció voluntariamente a ir leyéndola, a ser un lector atento, Y en realidad terminó siendo mi editor porque esas reuniones fueron super intensas. Mientras yo lo iba haciendo, terminaba cada capítulo y se lo daba a él para que lo leyera. Y después para que nos juntáramos y me diera su opinión, qué cosas no se entendían, o qué cosas se podían mejorar. Después el libro estuvo bastante tempo en espera. Yo lo terminé hace dos años y recién este año salió la posibilidad de publicarlo con Sigilo por Ideame. Pensamos en financiarlo de ese modo porque sería un libro caro, es muy grande, tienen muchas páginas a colores, es muy difícil de producir. La verdad que ni ellos ni yo habíamos tenido ese tipo de experiencia. Fueron 40 días de pura adrenalina, podría haber salido todo mal. Pero funcionó y fue muy lindo.

Cándido y vos no pueden parar de dibujar. ¿Qué motiva ese motor?
¡Que pregunta difícil! La verdad que no me detengo mucho a pensar. Sí me doy cuenta que ese impulso existe y que no lo puedo frenar. Porque si bien yo trabajo de dibujar, la mayor parte del tiempo no estoy haciendo cosas que me pidan. Hago cosas que no tienen ningún objetivo ni finalidad, las hago porque sí. Y por general después son las que más me gustan. No tiene mucha explicación. También es mi manera de ir ocupando el tiempo. No sé que otra cosa hacer con el día. No sé qué hacer con el tiempo cuando no estoy dibujando.


¿Por qué crees que la gente para de dibujar?
Yo tengo una teoría... Me da la impresión de que tiene mucho que ver con la angustia que produce que el resultado no sea verosímil. Viste cuando sos chiquito y te dicen "que bien que dibuja tal", porque logra que las cosas se parezcan a la realidad. Hace los ojos equilibrados, maneja el lápiz y dibuja con sombras o con perspectivas. En cambio cuando eso no está presente, cuando alguien dibuja más chueco o torcido, le dicen que "no sabe dibujar". Yo lo veo en la respuesta que escucho en los niños que tengo cerca. Mi sobrino, hijos de amigos, que en el colegio les dicen que pintan mal porque no pintan toda la hoja. Dios mío, ¡qué estupidez! Así se trauma la gente y deja de disfrutar. Porque lo lindo de esta práctica es hacerlo sin esperar nada, o para compartir el momento con amigos... A mí me gustaba eso, me acuerdo. Invitar, por ejemplo, mi prima a mi casa y poner hojas y que se pasara la tarde entera sin que nadie esperara nada, no había expectativas.

¿Y tenés algún tip para el quiere volver a dibujar y no se anima?
Muchas veces hago encuentros de gente que hace mucho que no dibuja y de golpe agarra un papel y un lápiz y lo disfruta. Por más que uno no tenga muy en claro qué quiere hacer. Es algo lindo de retomar. Como tip, pienso que hay que buscarse un cuadernito y ponerse un desafío: esta semana hacer al menos un dibujo de algo que ves desde tu ventana, o de algo que hay arriba de tu mesa, o de un amigo o un compañero de trabajo. Empezar por cosas chiquitas y seguir.

Vos decís que te formaste más con talleres. ¿Con qué criterio elegís un taller?
Ahora no estoy haciendo mucho, pero en un momento iba a un montón y trataba de ir con gente que me gustaba su obra. Porque si ya tenía una afinidad con su manera de trabajar quizás podría ver un poquito de cómo lo hacían. Hice un taller de 2 horas con el brasilero Fabio Zimbres, en un Festival de Peru y fue increíble. A lo mejor son talleres cortitos pero te hacen dar cuenta de una manera distinta de pensar. También me acuerdo que hace unos años fui a Córdoba a hacer unos talleres con Pablo Peisino y Lucas Di Pascuale que son dos dibujantes que me encantan, y ahí volví con un montón de ideas, con ganas de hacer cosas y proyectos. A veces un taller te puede motivar un montón, más cuando uno está en una búsqueda y no sabe muy bien para dónde ir.

Vos también das talleres. ¿Cómo es estar del otro lado y por qué los das en lugares públicos?
A mí me encanta. Aprendo un montón y me sirve mucho para mantenerme atenta y ver como otras personas interpretan diferentes cuestiones del dibujo. Me divierte mucho. Hago talleres en museos y en bares notables por varias cuestiones. Primero porque ahora no tengo un taller propio para dar clases, y ademas porque me siento un poco inquieta con un taller con la modalidad esa de 3 horas, todos en una mesa, dibujar con una consigna... Se me hace muy largo y un poco aburrido. Me gusta dibujar en espacios públicos porque es algo que yo suelo hacer mucho. Me parece también que para el que está acostumbrado a ir a talleres puede ser algo diferente. Yo doy talleres que duran sólo 1 mes y me parece una buena medida de tiempo. Siento que para lo que yo puedo ofrecer, un mes es suficiente. Y después que cada uno salga a hacer la suya. En los momentos que yo hacía talleres me gustaba eso, que tuvieran ese formato relámpago.


¿Qué es Merienda Dibujo?
La Merienda la empecé en 2010, creo, cuando yo vivía en Rosario. En ese momento tenía un taller y trabajaba ahí todo el día. Era un taller muy chiquito, yo estaba todo el día encerrada ahí sola, era re triste. Me aburría tanto que me parecía que al menos una vez por semana podía invitar de a una persona a pasar la tarde a dibujar conmigo para que se hiciera más llevadero. Entonces hice ese blog y una vez por semana invitaba a alguien, escribía una pequeña reseña, sacaba fotos y me servía también de excusa para escribir a gente que yo admiraba mucho pero no conocía personalmente. Después empecé a hacer Merienda en lugares más grandes, saliendo de mi taller. Cada vez que tenía una oportunidad, si estaba haciendo una muestra en un Museo con un patio, ponele, organizaba una Merienda ahí, o si estaba en una ciudad que no conocía a nadie, buscaba a dibujantes de esa ciudad. Era como una manera de socializar un poco y de ver cómo el otro dibuja, ver qué tiene en su cartuchera. Ahora el blog medio lo abandoné, pero yo me junto a dibujar con gente casi todos los días.

Tu creatividad, entonces, no es solitaria...
¡Para nada! En muy pocos momentos, cuando estaba haciendo el libro y escribiendo capítulos, sí. Ahí necesitaba concentrarme y estar sola. Pero disfruto mucho más compartir el momento de estar dibujando. Porque el dibujo me queda mucho más relajado, menos pensado. Creo que cuando estoy sola es todo más rígido y me siento más cómoda dibujando con distracciones.

¿Cómo es un día tuyo de trabajo?
Me levanto y mientras desayuno contesto mails. Yo soy mi propia gestora, digamos, y también tengo que contestar correos, ver las propuestas de trabajo. Ese tipo de cosas me gusta hacerlas por la mañana. Tipo 11h me gusta subir algo en las redes sociales, me parece que es un gesto mínimo, lo tomo como llegar a la oficina y prender la luz. No es que trabaje para las redes o que dibuje algo especialmente para eso, pero subo un dibujo o saco una foto de mi escritorio, de lo que estoy trabajando. Después dibujo un rato en mi casa y a la tarde me vengo acá o a algún otro bar y cuando ya se hace de noche no dibujo más, porque me gusta dibujar con luz natural. Es como una manía.

Lo que comentas sobre el uso de las redes... ¿es una parte fundamental del trabajo?
Yo no trabajo para agencias, no tengo ningún trabajo fijo, trabajo totalmente por mi cuenta. Todo lo que tengo es eventual, entonces para mí si es fundamental. Porque es la manera que yo tengo de hacer con que mi trabajo se visibilice y que llegue a más gente que después pueda estar interesada en comprar un dibujo original o en ofrecerme un trabajo. Si yo no hago eso, no va a suceder. Creo que es responsabilidad de uno mantenerse activo y hacer cosas para que los demás se interesen por algo de eso que ven. Me doy cuenta de que esa actividad es la que hace que haya movimiento, que me llegue trabajo. Soy mi propia industria en un punto y tengo que mantenerla funcionando. Al menos esa es mi experiencia.

¿Es difícil vivir de la ilustración?
Sí, es difícil. Pero es más difícil vivir haciendo un trabajo que no te da satisfacción. Yo me acuerdo que antes me pasaba todo el tiempo pensando en hacer otra cosa. Entonces preferí tener que aguantarme la inestabilidad. Porque en mi trabajo hay veces que está todo bien y hay veces en que todo es muy incierto y no se sabe. De todas formas, siempre algo va apareciendo y yo sé que no me dan ganas de estar haciendo otra cosa. Tengo una vida simple pero feliz. Obvio, uno tiene que saber que si se quiere dedicar a esto hay que estar todo el tiempo en movimiento e inventándose cosas. Yo sé que si no tengo trabajo de ilustración me tengo que poner a dar más talleres o tratar de vender más originales. Trato de diversificar mi trabajo.

¿Cómo definirías tu Actitud Creativa?
Yo creo que lo más importante es siempre estar disfrutando lo que estoy haciendo, sea dibujar en un cuaderno o dibujar para una muestra. No pensar si va a fracasar, si la gente lo va a odiar. No estar pensando en esas cosas. Hay que hacer y quedarse conforme uno. Para mi, el mejor parámetro siempre es si se lo quiero mostrar a mis amigos. Si se lo quiero mostrar a ellos es porque estoy contenta y quiero que lo vean. Después si a ellos no les gusta todo bien pero esa es mi validación, querer mostrar lo que hice a alguien que quiero.

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