28.11.16

Actitud Creativa NATALIA MÉNDEZ

la delgada línea
Qué bueno cuando te dormís leyendo un libro que te
tiene atrapado y después no sabés qué leíste y qué
soñaste.


Eso dice Natalia Méndez, editora, escritora y profesora en Letras. La misma persona que, además de leer y soñar, también hace cerámica, crochet, origami, recorta papeles... Y junto con Eduardo Abel Gimenez creó Dábale arroz, una editorial artesanal.
No sé cómo llegué a su blog Hojas sobre la almohada, pero me acuerdo que me quedé leyendo todo: los sueños, los cuentos, la poesía. Me parecía que estaba leyendo a alguien que hablaba conmigo, que le resultaba hermoso todo lo que a mí me resulta hermoso. Así de egoísta fue mi sensación.
Después empezaron a ocurrir casualidades mágicas y la seguía encontrando a Natalia por ahí. La mencionaron en el posgrado que estoy cursando, en un taller de escritura, en un asado con amigos. Como si los caminos me llevaran hacia ella.
La invité a participar de #ActitudCreativa y, muy generosa, me recibió en su casa, en su biblioteca, en su mundo. Ahora, mientras transcribo nuestra charla y voy acomodando las fotos, me siento también en una delgada línea: a Natalia no sé si la entrevisté o si la soñé.


Hojas sobre la Almohada es el nombre de tu blog, es el título de tu libro y de la poesía que lo inaugura. ¿Qué son esas hojas que tanto te entretienen?
Son un poco de todo. Mi primer blog fue uno que se llama "siempre lista", después armé otro para poner manualidades y artesanías, y en algún momento me agarró un ataque de orden, de querer unir esa información y hacer un sitio donde pudiera estar todo relacionado. Ahí abrí "hojas sobre la almohada" pero el libro todavía no estaba ni proyectado, es bastante posterior. El concepto venía porque eran cosas que yo hacía más en la intimidad, cosas propias, por eso la almohada. Un poco por ese lado la idea, y después tomó un camino propio.


Entre otras cosas, escribís poesías y haces relatos de sueños. ¿Vos decís que tienen algo en común?
Yo creo que sí. A mi me resulta muy atractivo estas cosas que pasan en la cabeza medio fuera del control de uno. Con los sueños me pasa esta sensación, y supongo que con la poesía también. Como de encontrar algo que estaba ahí, que uno lo tenía en algún lado, sin saber bien qué o para qué. Y empecé bromeando con el desafío de escribir sueños, que a veces para uno son horas y pasan miles de cosas, y tener que resumirlos a la frase que entra en twitter. Me divertía y me daba cuenta que realmente es algo que se ejercita, porque me acordaba cada vez más. No sé quien dijo que los sueños de los demás siempre nos parecen estúpidos y aburridos pero a mi todo lo contrario. Y ahora estamos con el proyecto de publicar algunos de esos sueños en Dábale arroz.



Ya que la nombraste, contame de tu editorial.
Esto nació con Eduardo Abel Gimenez, que es escritor y muy amigo mío. Yo trabajo en una empresa editorial y estaba en momento laboral complicado. Entonces, había la necesidad de hacer algo propio, sin tener que estar rindiendo cuentas. Siempre con la consciencia de que meterse en un proyecto con una inversión, con una distribución era algo que a mi me excedía. Y una noche, cenando y charlando, hablamos de hacer algo diferente, en el concepto de escala humana: ¿qué podemos hacer este fin de semana?, ¿qué tirada o qué proyecto podemos hacer nosotros?. Nos compramos una impresora común y corriente, fuimos a comprar el papel, lo cortamos y lo armamos. Empezamos con los libros de microcuentos de Eduardo, que son cuentos que vienen doblados y en un frasco. Nos sentamos y en una tarde hicimos 20 ejemplares, esa fue nuestra tirada. Después hicimos unos troquelados con unos poemas míos y volvimos a hacer más frascos.


También haces piezas en cerámica...
Yo hago cerámica desde los 10 años, o antes, y fui toda la vida a talleres. En una época trabajaba en Santelmo, terminaba a las 18h y después me iba hasta Carapachay a hacer cerámica y volvía casi a las 23h de la noche a casa. La gente me decía "vos estás loca" y yo respondía que es como los tipos que se van a jugar al fútbol a las once de la noche después de laburar. Después dejé de ir unos años, me concentré mucho en mi carrera como editora. Y en un momento sentí algo inexplicable: la necesidad física de hacer algo con las manos, la necesidad de hacer.

¿En qué punto satisface crear algo propio?
No sé bien. Capaz es solamente una cuestión de ego. Lo que descubrí, y me llevó muchos años incorporar, es que disfruto mucho la construcción de cosas materiales, trabajar con las manos. Yo estudié Letras, que es una carrera totalmente abstracta. Y trabajando como editora pasa lo mismo. Después sale el libro, que es material, pero a mi me toca la parte más de cabeza y no de manos. Así que estas cosas las hago por una cuestión de gusto, para generar ese espacio.

¿Cómo es ser editora y cómo se puede ser creativa en ese trabajo?
Básicamente, tiene que ver con elegir o definir qué cosas se van a publicar. Se lee el material que llega y se elige  pensando en el catálogo de la editorial y en el mercado para el que uno trabaja. Conocer ese ambiente, las tendencias, qué está pasando en el mundo con ese tipo de publicaciones también es parte del trabajo. Depende de las estructuras de cada empresa pero en general, los editores infantiles y juveniles tenemos la suerte, y la pesadilla a veces, de trabajar en todo el proceso del libro, desde la selección, el trabajo con los ilustradores, con el diseño. Hasta que se entrega a imprenta intervenimos en toda esa coordinación de tareas. A mi encanta y ahí tiene mucho que ver con la parte creativa. Me costó aprender a saber confiar en mi subjetividad. A veces uno no sabe por qué le gusta o cómo va a salir el libro, y el momento de elegir un material tiene algo de muy personal. De un archivo de word crudo en la pantalla uno se tiene que imaginar el libro que va a ser después.



Contame del taller de lectura y escritura en libros infantiles...
Yo di varios talleres de formación profesional de edición de libros para chicos, pero el curso que estoy dando ahora en Casa de Letras me lo pidieron ellos. Tuve que dar cuenta del trabajo de hacer un libro desde el huesito, desde el carozo. Fue una tarea de dar vuelta el escritorio y no pensar como editora. Yo preparo las clases, los ejercicios, vemos temas que a veces tienen que ver con la estructura narrativa, el uso de la metáfora, estas cosas muy de taller literario pero aplicada a los libros para chicos. Estoy aprendiendo una bestialidad, la verdad que descubrí que era un poco como mirar los libros de vuelta. Libros que conozco desde hace un montón, algunos incluso con los que trabajé pero verlos desde otro lado, poniéndoles una lupa gigante hasta las tripas.

¿Por qué los zorros?
A mi se me había ocurrido un zorrito colorado que apareciera en la cocina y hablara. Durante un tiempo escribí una serie de cuentos con este personaje, pero ahora los leo y me da una cierta vergüenza ajena porque tiene detalles muy personales. Empecé a publicar alguna de estas cosas en facebook y con esta visibilidad extraña que tiene me convertí en la chica de los zorritos. Yo siempre bromeo que soy la vanguardia inconducente. No había objetos de zorros, después se pusieron de moda y cada vez hay más. Me empezaron a mostrar y a regalar cosas de zorro. Me pasó de cruzarme en eventos con gente que no conozco personalmente y que me digan "ah, vos sos la chica de los zorros". Me hice esta fama y me encanta.

Me faltó preguntarte por los papelitos recortados que proyectas con Únicanuez.
Yo había hecho una noche, sola en casa, una cajita de fósforos con un animalito que se movía.  Hice un vídeo con el celular, sin mucha luz, y de ansiosa lo publiqué. Lo había hecho en medio a una feria del libro, un poco para descansar la mente. Justo me cruzo con Antonio Santa Ana y me pregunta si lo podían pasar en una pantalla mientras tocaban. Y yo le dije que de ninguna manera, porque ese vídeo era una vergüenza y que había que hacerlo en serio. Al otro día me compré un retroproyector y ese fin de semana nos juntamos en lo de Antonio, con otro montón de gente, y le dije "mira, podemos hacer estos visuales para la banda" y así empezamos. Fue como un rapto de locura, nunca lo planifiqué y sin embargo me encanta hacerlo.

¿Vos sentís que todas las cosas que haces tienen un sentido o un propósito en común?
Mmmm, a veces sí y a veces no. A veces me siento muy perdida en el sentido de "hice esto, está buenísimo, pero no sé para qué". Falta encontrarle una dirección artística tal vez. Lo que a mi me pasa es que los papeles recortados, la cerámica, el trabajo de editora... son mundos totalmente diferentes, es como una especie de esquizofrenia de trabajo. Pero si bien son mundos que no se tocan entre si, hay otras aristas en común que tienen que ver con hacer algo lindo, que yo disfrute hacer y que pueda ser interesante para otra persona. Yo siento que estoy ahora en ese proceso, estoy más en sintonía de hacer estas cosas que saco de la galera y me gustaría hacerlo aún más.

¿Lo artístico tiene que servir para algo?
No sé si tiene que servir. Sí sé que mi casa está llena de cositas porque a mi me gusta y a mi no me importa que no sirvan para nada, que estén solamente para verlas. Muchas veces hago las cosas para divertirme y después me pregunto para qué perdí el tiempo. Me agarran esas crisis. Después me digo que no tiene que servir para nada. Reconozco que lo disfruto pero también hago un ejercicio para aceptarlo como disfrute. Me cuesta valorar lo que yo hago en un categoría, pero creo que eso tiene más que ver con una cosa de formación profesional, como de responsabilidad civil. Hace un tiempo que no voy a terapia pero mis últimos tiempos era hablar de esto. Creo que el primer paso sería darle un espacio y una atención y el segundo darle un fin, quizás no utilitario, pero aceptar que es parte de lo que a mi me interesa y que puedo hacer algo más que divertirme.

¿Cómo definirías tu Actitud Creativa?
Creo que tiene que ver con poder estar presente en el momento y tomarse el rato para hacerlo. Para mi se volvió una cosa importante este ejercicio interno y personal. Hacer algo creativo implica estar en contacto con esa parte seguro. Y por otro lado, tiene que ver con algo que, para mí, es la explicación de lo poético: un ejercicio de la mirada, de poder mirar de otra forma, de volver a mirar y así. Como una actitud de estar atento a lo que está pasando ahora y a saber mirarlo de otra forma, más allá de lo que una pueda o no hacer con eso después.

© Circo GolondrinaMaira Gall