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"Volver sobre sí y sondear las profundidades de donde proviene su vida; en su fuente encontrará la respuesta a la pregunta - si debe crear. Admítala como suene, sin utilizarla. Acaso resulte que usted sea llamado a devenir artista. Entonces tome usted sobre sí esa suerte y llévela, con su pesadumbre y su grandeza, sin preguntar jamás por la recompensa que pudiera llegar de fuera. Pues el creador tiene que ser un mundo para sí y en la naturaleza, a la que se ha incorporado." (Rainer M. Rilke en Cartas a un joven poeta)

PREDICANDO CREATIVIDAD

Volví a ver con mis propios ojos la obra de Gaudí y no pude dejar de sorprenderme una vez más. Hay algo en sus formas que va mucho más allá de los criterios de belleza que uno pueda tener, me parece. No es solo que sea "lindo" lo que él hizo. Es impactante porque parece no haber tenido miedo de hacerlo, de innovar.
Lo conecté directamente con el trabajo de Brennand, en Recife. Por la libertad creativa y por la sensación de que hay una certeza del hacer, del crear.
Creo que es libre porque sale de los moldes, de lo esperado. Pero, al mismo tiempo, también parece estar atendiendo algún tipo de llamado divino, que es casi una obligación. Como si algo adentro de ellos - y de otros artistas increíbles - les gritara todo el tiempo "dale, crea, hace, no pierdas tiempo, ni te lo preguntes". Un imperativo transformado en... desborde creativo!
Soy de las que muchas veces se ha preguntado para qué sirve el arte. Y encontré una buena justificativa en las respuestas más comunes: para expresarse, para cuestionar, para dar placer. Creo que acá en Barcelona puedo atestiguar otra razón. Siento que el arte de Gaudí tiene la función de predicar la fe en el instinto creativo.
Amén


La Sagrada Familia para empezar, ya que de fe se trata...











El Parque Guell, con vista para toda la ciudad





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