1.4.15

Amontonamiento familiar

Del lado de mi familia materna, una de las costumbres que más me gusta es el amontonamiento. Exacto, así como suena. Desde chica tengo la sensación de que nos amontonamos. De distintas maneras. No resistimos a una cocina pequeña, por ejemplo. Aunque existan otros ambientes más cómodos en nuestras casas, por general, la cocina siempre es el lugar ocupado. Una mesa chiquita nos puede. Pienso, de hecho, que cuanto más chiquita la mesa más somos los que nos queremos sentar.
Me acuerdo de cuando nos amontonábamos para dormir. De un viaje, puntualmente, me acuerdo que éramos cuatro niños en una cama de dos plazas. Nada de colchón para todos. Nos acomodamos en el sentido horizontal de la cama y listo. Muchas veces, también se hacía una pila de frazadas y acolchados estirados por el living y ahí dormíamos todos los primos. Al día siguiente, cuando nos despertábamos, el primer movimiento era ir a upa de alguien. Yo iba directo a la falda de mi tía. Me amontonaba para participar de lo que estuvieran hablando los más grandes.
Vine pensando en todo eso ayer, después que nos juntamos a festejar el cumple de mi tío. Allí estábamos, amontonados en la mesa redonda de su casa. Con un mantel repleto de flores y recuerdos. Mi tía ya no está más pero es de esas que sigue presente. Aunque yo no podría más sentarme a upa de ella, pobre, porque le partiría las rodillas, me parece. Hoy tengo 1,70 y mis primos pasan de 1,80. Me río sola imaginando si la pobre cama de aquel viaje tuviera que soportarnos a todos una vez más.
La costumbre, por suerte, se sigue transmitiendo a la nueva generación. Ahora hay hijos, sobrinos. Todos los chicos se amontonan para mirar algo en un único celu, por ejemplo. Hasta los bebes quieren interactuar. Tratan de amontonarse aunque sea con la mirada.
A la vuelta, me trajeron a casa mi primo y su esposa. Ellos dos en los asientos de adelante del auto y yo atrás con sus hijos. El más chiquito en su sillita apropiada. El más grande podría estar sentado en el medio pero quiso venir a upa mío. Vinimos charlando, inventando juegos, riéndonos. Amontonados, más vale.
Pensé mucho en mi hermano y en mis sobrinos que están allá en Brasil. Extrañe muchísimo amontonarme con ellos. Cuando llego de visita lo primero que hacemos es gritar fuerte y tirarnos en el sillón jugando a alguna batalla de cosquillas. Si también está el abuelo - mi papá - nos tiramos todos encima de él y decimos que estamos formando un edificio con muchos pisos. Después la atacamos a mi mamá que hace que no le gusta pero se muere de la risa. A mi cuñada ya no le tenemos pena y también la aplastamos.
No sé de donde vendrá esta costumbre, el placer por el amontonamiento. Algunas familias conservan piezas de vajilla, antiguos muebles o joyas con historia. Yo ya sé qué quiero mantener en la nuestra.

Mi hermano, mis sobris y yo a puro amontonamiento familiar
© Circo GolondrinaMaira Gall