12.3.15

DEJATE DE MAGNIFICAR + BANCATE EL ERROR

Hace un tiempo empecé a cuestionarme por qué, aún considerándome una persona de acción, me costaba tanto arrancar algunos proyectos personales. Por qué sentía una especie de fiaca inicial y terminaba ni empezando o dejándolo ahí nomas. Surgieron dos posibles respuestas: miedo de fracasar y manía de magnificar.
El miedo es todo un tema a parte. Tiene trasfondos inimaginables. Pero la fiaca, en mi caso, parecía ser el producto de una expectativa muy alta. "Cómo vas a subir esta pequeña montañita si estás solo pensando en el Everest?" me preguntó Geo, la terapeuta floral más copada del mundo. "Obvio que así uno se cansa antes de empezar. No es fácil enfrentarse, de una, tremendo desafío", completó sonriéndome.
Creo que va hacer un año que tuvimos esa charla. Es algo que sigo trabajando, masticando. Por el lado del "miedo", siento que cuesta convencerme de que está todo bien si me equivoco. Sin embargo, ya llegué a la conclusión que a nadie le importa mucho si yo hago bien o mal las cosas. Es verdad que cada uno ya tiene su propia vida para ocuparse.
Con el tema de magnificar el truco que encontré fue tomar la conciencia de que no puedo "pensar" todo. Porque si pienso mucho no hago nada. Me quedo medio boba, trabada, como en una especie de hipnosis muy poco productiva. Tengo que "hacer". Algo, sea como sea.
Justo el otro día leí esta frase...

... y supongo que va más o menos por ahí. Necesito recordar todo el tiempo que haciendo algo voy a estar más cerca de lo que quiero o, mínimo, más lejos de lo que no quiero para mi. Me di cuenta que la preocupación por no equivocarme y pensar solo en algo que está allá lejos ocupa mucho espacio. No deja que la libertad se manifieste como corresponde. No permite que ocurran tanto la creatividad como la acción directamente.

Ya que estoy hablando en pasos, tomo un ejemplo real. Amo la danza. Me parece de lo más bello ver bailarinas delicadas, livianas, suaves y flexibles. Infelizmente, ninguno de esos adjetivos me caracteriza. Voy a las clases de danza porque es más fuerte que yo el deseo de querer moverme. Y todo el tiempo necesito recordarme que no tengo que bailar como Julio Boca.
Con la pintura lo mismo. No sé dibujar, no nací con un talento natural para expresarme con lápices o pinceles. Pero me encanta, me apasiona. Y solo me animé a tomar clases e intentar dibujar porque también es verdad que hay mucho que no puedo hacer porque aún no conozco las técnicas, no tengo las herramientas. No quiere decir que sea un desastre total para el arte. Siempre se puede aprender.

Creo que puedo hacer ambas cosas por dos motivos: el fuerte deseo de expresar mi creatividad y el autoconvencimiento de que cada clase suma un puntito. Un centímetro de flexibilidad, un paso más en danza. O una pincelada inédita en el taller de pintura. Soñar en grande es maravilloso, nadie lo duda. Pero se me hace que hay que arrancar con los detalles. Con lo que parece chiquitito y en relidad suma un montón.
Repito, entonces, una frase de Ivana que leí hace un tiempito y no dejó de sonar en mi cabeza porque combina perfectamente con todo este asunto: "Brindo por una vida en movimiento con lo que uno tiene a mano". Brindo, también, por el pasito ese que me permite decir que ya no estoy más en el mismo lugar.
© Circo GolondrinaMaira Gall