8.12.14

CASTILLOS POR EL CIELO

No sé si es que vuelo, sin saber, buscándolos. O si me aparecen por algún motivo en especial. Pero es un hecho que colecciono algunos encuentros con castillos por el cielo. Y apenas casualidad no puede ser.
Uno de los primeros que me conquistó fue El Castillo Ambulante, la novela fantástica de Diana Wyne Jones transformada en película de animación por el director Hayao Miyazaki. Tiene tantos detalles, tanta personalidad que podría perderme observándolo.


Años después, en el barrio de San Telmo, encontré otro castillo colgado en el clavo más alto del estudio de Karina Chavin. Del cuadro Castillos en el Aire me enamoré y le metí el ojo, debo confesar. Dije que iba a ser mío de alguna manera. No tenía ni tarjeta de crédito en ese momento. Después de visitar el local algunas veces, arregle con Karina que le iría llevando partes de pago mes a mes y que, finalmente, me quedaría con el cuadro. El día que cerramos todo me dijo "la verdad, se ve que era tuyo nomas, porque mira que está hace tiempo acá, la gente se interesa y pregunta pero no se vende". Sonreí. Obvio que estaba destinado para mi.



Hace un tiempo descubrí el hermoso trabajo de Christian Schloe y su castillo en forma de corazón que plana firme y suave sobre el mar. No encuentro palabras para describirlo. Pero tengo la sensación de que, aunque se vea de piedra, hace vibrar el océano entero cuando late.


El más reciente de todos, es el castillo del libro Ensueños de David Aceituno y Conrad Roset. No solo es un castillo suspendido entre las nubes. Es el lugar donde todos los sueños se cumplen por más rocambolescos que sean... No es fascinante!?



Sospecho que, aunque sean distintas construcciones, guardan muchas cosas en común. Más allá de su arquitectura fantástica, se me hace que no dependen de reyes y reinas; se autogobiernan. Imagino pájaros encargados de ordenar y desordenar según su voluntad; esos pasillos que son laberintos; ventanas que se abren y cierran solas; puertas que son portales para que uno llegue firme a tierra; una habitación solo para escritores locos; otra exclusivamente para pintores obsesionados con el cielo y la posibilidad de ver las ciudades y las personas en perspectiva. Montones de cosas más!
Quizás también estén para recibir golondrinas en plena misión de vuelo. Sea en el camino de sur a norte o de norte a sur, tal vez funcionen como paraje para descansar, retomar fuerzas y seguir viaje. Vaya uno a saber qué dicen los vientos que circulan por los castillos de aire.
© Circo GolondrinaMaira Gall