31.7.14

La firma de QUINO

Siempre quise ir a la Feria dellibro Infantil y Juvenil y nunca podía o no se daba. Este año me enteré que se hacía tanto en provincia, en Tecnópolis, como en Capital, acá en el galpón Dorrego. O sea, a 5 cuadras de casa... Y con entrada gratis. Me dije "voy".
Los días fueron pasando y se me fue el entusiasmo. Hasta que hoy a la mañana vi la publicación por la página de FB que decía que a las 15h iba a estar Quino nuevamente firmando libros.
Él ya estuvo muchas veces en ferias y otros eventos. Nunca hice cuestión de ir, porque me daba fiaca imaginar el quilombo de gente y porque no le veía mucho sentido. Pero, esta vez, agarré mi Toda Mafalda y decidí ir.
Fui sin expectativas, llegué a las 15h20 más o menos y la fila era enorme, obvio. Me sumé a la ola humana y pensé "bueh, veo qué onda. De última me voy a recorrer la feria y ya fue". Mientras, iba sacando fotos, viendo la cara de los nenes, de los padres. Escuché todos los diálogos que podía e, inclusive, registré a Divinsky (el comandante de Ediciones de la Flor) circulando con un paraguas en mano totalmente mezclado con el público.
Adelante mío había un papá solo con su hija, cada uno con su mochila. Hablaba al celular con su esposa. Por lo que entendí, ella estaba con el hijo varón en otra actividad. Luego, él dejó a la hija en la fila unos minutos y volvió dándole instrucciones. La nena sacó un libro de su mochila y fue hacia donde él indicó. El papá se dio cuenta que los miraba y me dijo sonriendo "trajo como 5 libros en la mochila para firmar, para ella esto es Disney". Sonreí y le dije que fuera tranquilo a acompañarla que yo les guardaría el lugar. Me acordé de cuando me firmaron un libro por primera vez. Tendría unos 10 años y me sentí más importante que la escritora que lo había firmado jajaja.
Atrás mío lo mismo: papá con hija hablando por teléfono con la esposa. Le iba actualizando el estado de la espera, casi como un informe meteorológico. Hasta que el tercer llamado más o menos fue para decir "tenemos para media hora más, pero lo bueno es que Martina ya se leyó media Mafalda mientras esperamos". Segundos después escucho a Martina preguntando "Papá, y cómo se llama Quino en la vida real?". Impagable.
Más bien que con todos estos detalles entretenidos me terminé haciendo la fila sin chistar. Después de casi una hora y media finalmente llegó mi turno. Como siempre me pasa en estas ocasiones, no sé qué decir ni qué hacer. Me comunico sonriendo, achinando los ojos, tratando de ignorar la furia de mis cachetes colorados.
Dije "hola como le va" y le di mi libro. Quino lo firmó muy despacito, me miró a los ojos y dijo "gracias". Lo único que me salió fue "no, gracias a usted. Por todo".
Todo muy bien hasta ahí y, supuestamente, lo que seguía era pasear por las demás editoriales. Resulta que me sorprendió una emoción que no esperaba, de verdad no la esperaba. Ni bien salí de la fila con libro firmado, las lágrimas sencillamente empezaron a caer de mis ojos. De esas que uno no puede frenar. Y caen, caen, a los goterones.
Caminé buscando el baño, la gente me miraba. Me sequé un poco los ojos, traté de recomponerme y disfrutar la feria. Pero no podía concentrarme. Salí y volví a casa.
Aún no sé qué me pasó.





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