25.4.14

Medio viernes

Tengo la sensación de que me desperté en la misma posición que me fui a acostar, o sea, sentada en la silla del living, abrazada a la mesa casi, con las manos sobre la compu haciendo traducciones. Pero no reclamo porque tuve días muuuy bajos de laburo en enero, febrero y marzo así que hay que ponerle onda cuando cae todo junto.
Como es viernes, Emi sale a comprar facturas para el desayuno. Es una manera de empezar nuestra informalidad o, de alguna manera, empezar el fin de semana. En este momento, Emi trabaja los domingos pero tiene libres los viernes. Hay que adaptarse, es verdad, pero no está nada mal.
El desayuno es relativamente rápido. Terminamos las medialunas, sobra medio cañoncito de dulce de leche y nos ponemos a hacer nuestras tareas. Solo la yerba del mate se renueva. Él se va a su compu y yo sigo en la mía. El mate pasa de compu a compu. Cuando no trabaja, Emi lee y escribe. Escribe y lee. Yo lo miro y lo admiro, porque aunque a veces dé vueltas con cara de perdido por el living, vuelve a sentarse en el escritorio y sigue, sigue. Tremenda constancia.

Son las 11h30 más o menos, yo ya estoy podrida de estar sentada. Me levanto, estiro, boludeo, me siento a upa de Emi para molestarlo, darle unos besos. Le pregunto "che, está de pie la idea de ayer para el almuerzo?" y él responde "no creo, tengo para rato acá todavía y no llego". Me levanto, voy a la habitación, vuelvo al living. Se siente olor a carbón prendiéndose fuego. Son los muchachos de la obra de al lado que casi todos los viernes hacen asado. Me acerco a Emi y lo molesto otra vez, riéndome: "comemos unos fideos si queres, pero te confieso que estoy desilusionada porque pensé que hoy no los envidiaría a estos guachos y resulta que sí los envidio".
Sigo dando vueltas por la casa, guardo el texto de la traducción y tomo coraje para ir a correr al gimnasio. Empiezo a cambiarme en la habitación. Viene Emi y me dice "voy a hacer unos mandados para una ensalada". Le miro la cara de pícaro y, haciendo montoncito con mi mano derecha - ese típico gesto de nuestra herencia italiana -, le pregunto "qué tenes que comprar si hay de todo?". Él se ríe y confiesa "me voy a comprar unos choris". Le digo "Ah, decidiste cumplir con tu palabra? Yo te entiendo, este olorcito es matador". Así que él se va a comprar cosas para poner en la parrilla y yo me voy a correr.

Cuando vuelvo ya está todo en marcha, con vino descorchándose y todo. Me baño, me visto, pongo lo que falta en la mesa del balcón y listo, marche ese almuerzo que hay hambre. Emi sirve la provoleta, se sienta, empezamos a comer. "Escuchas?, esta es la canción que te decía de Dylan", dice. "Cuál, la que los fanáticos dicen que es el primer rap?", pregunto yo. "Sí esa, bueno, como que es la primera canción, con la letra así, que no para de cantar, todo en secuencia".


En un momento Dylan dice "you don't need a weather man/to know which way the wind blows" (más o menos, que no es necesario un hombre del tiempo para saber la dirección del viento). Emi la repite y yo recién ahí capto el sentido (me copa Dylan pero convengamos que habla mucho en sus canciones, ni con inglés fluente se entiende todo sin la letra al lado). Y le digo "muy buena frase, de hecho está buenísima para pintarla en alguna viga de acá de casa". Emi responde "tengo una mejor", se levanta y cambia la canción. Mientras seguimos comiendo, suenan los primeros minutos y nada hasta que se cansa y dice "bueno, no importa, hay una parte en que dice algo así como que yo te dejo entrar en mis sueños si vos me dejas entrar en los tuyos". Efectivamente, es genial la frase. Emi se levanta a buscar otro chori en la parrilla. Yo levanto mi copa para tomar un trago y se me ocurre este pensamiento que comparto con él en voz alta: "la verdad que el amor, digo, el amor realizado, el vivido, el nuestro, el de las parejas, no el amor que no se concreta, que queda en lo utópico, bueno vos entendes a que me refiero, no?, bueno ese amor, el que se vive, ese amor la verdad que TIENE QUE SER JUSTO. Y Emi me pregunta "con justo te referís a recíproco?". "No, más que eso", le respondo, "porque quizás recíproco puede dar lugar a que uno interprete como que las personas se tienen que amar de la misma manera, por igual y eso es imposible. Me refiero a eso que vos decís que dice Bob. Que te dejo entrar en mis sueños si me dejas entrar en los tuyos. Ahí me suena re justo. Así aguante el amor!". Y levanto la copa una vez más y le digo "bueno, dale, y de gordita que soy nomas", cuando me ofrece la mitad de otro chori. Porque después de la provoleta, los tomatitos secos, un choripan entero, solo queda espacio para medio chori más.

Termina el almuerzo, todo lo que deseo en el mundo es una siesta pero no se puede. Aunque sea un viernes tan informal, no podemos. Emi tiene que seguir escribiendo para terminar la tarea del taller de escritura. Y yo quiero escribir esto, tengo que terminar de leer un texto aburrido sobre el ALCA, la OMC y yo que sé, tomarme el subte, bajarme en Corrientes y Uruguay y caminar hasta la maestría. Clase de 17h a 22h. Y después vemos que pinta.
© Circo GolondrinaMaira Gall