25.3.14

ROSÂNGELA

Rosângela vivía en São Paulo pero hace 3 años se mudó a Búzios. Consiguió alquilar una casita chiquita cercana a la zona turística pero adentro de un barrio más de quien vive ahí. Instaló una pared de durlock en el medio del living. En la parte que da a la calle creó una especie de local en donde trabaja como peluquera y manicura. Atiende a los vecinos y algunos turistas que se acercan.
Rosângela no escucha muy bien y, con cierta lógica, casi grita cuando habla. Tampoco tiene una visión privilegiada. Atiende con unos lindos anteojos de marco blanco, finito y alargado a los costados. Los lentes son gruesos. Viste bikini, salida de playa y ojotas pero eso no es algo que llame, particularmente, la atención en Búzios. Su pelo es lacio, como planchado, está atado con una colita y tiene flequillo. Enseguida te cuenta que el estado natural es ondulado, que se pasó con el alisado porque tuvo muchas clientes el día que se aplicó el producto que alisa.
Rosângela pregunta a qué te dedicas, por que andas por allá y cosas más específicas del rubro: si te pones crema seguido, si usas zapatos muy cerrados, qué esmalte de la temporada querés usar. Se esfuerza para escuchar tu respuesta y comenta. Y si le decís, por ejemplo, que te gusta correr y que, por eso, tenes cuidado con los pies ella, en lugar de seguir hablando de pies, te habla de correr.
Y te enteras que uno de los mayores sueños de su vida es correr un maratón. Que decidió parar de fumar para empezar a correr. Que cuando empezó a salir a dar vueltas, sintió un dolor raro en la pantorrilla derecha. Que se hizo ver y tenía un quiste. Que cuando se acercaba el fin del tramiterío para conseguir que la operaran, descubrió que estaba embarazada.
A todo esto ya escuchaste, entre el ruido que viene del otro lado del durlock de los dibujitos que cantan en la televisión, el llanto de un bebe. Y la viste levantar la mirada sorprendida cuando le llegó a los oídos que su hijo la está llamando.
Rosângela te pide permiso, se levanta, está apenas unos segundos del otro lado. El bebé para de llorar y ella regresa sonriente diciendo "cuando llora sé que fue el dvd que se trabó, es tan tranquilo, es todo lo que le pedí a Dios".
No hace falta preguntar para entender que Rosângela es madre soltera, que cuida sola a su hijo. Igual te lo aclara "esta producción independiente fue un susto, cosa de una noche, jamás me imagine mamá, pero acá estoy".
Mientras se desarrolla la charla y el atendimiento más de una mujer de acerca a pedir turno, a preguntar si la puede atender mañana porque tiene un casamiento, un cumpleaños o porque sus manos están "horribles". Rosângela agarra un bloc de notas que funciona como agenda y trata de hacerle un rincón a cada una. Por lo que figura en la lista, trabaja absolutamente todo el día.
Después que las clientas se van contentas ella sigue hablando de correr, de que aunque no lo pueda hacer ahora sabe que algún día lo hará, "porque es como todo en la vida, si te propones a hacerlo lo haces". Y te deja pensando si vos también estás haciendo lo que te propones. O, mismo, si te estás proponiéndolo.
Es posible que ese pensamiento te distraiga y cuando vuelvas a prestar atención, perdiste un poco como seguía el tema pero llegas a escuchar que igual volvió a fumar después del embarazo, que ahora está intentando parar otra vez, que es difícil "pero que si uno no rompe los huevos no hay omelette".
Después de pintarte las uñas del color que elegiste y a ella le encantó, de lavarte y secarte el pelo lentamente, te informa, sin ceremonia, que ya tenes algunos hilos blancos, que ella por suerte no tiene ninguno y que eso es una cosa de su familia.
A todo esto, la próxima clienta ya está esperando ansiosa del otro lado de la ventana, sobre la vereda. Rosângela la saluda, te cobra, te da un beso en la mejilla y pide permiso para chequear si su bebe está bien. Antes que termines de salir de su pequeño salón, ella ya volvió y le pregunta a la mujer que acaba de entrar de que color se va a pintar las uñas hoy.
© Circo GolondrinaMaira Gall