18.2.14

VALERIA DOCAMPO Y LA FÁBRICA

Casi al mismo tiempo que empecé a acompañar blogs y escribir en uno, descubrí el Coso de Ilustradores y genios/genias como Valeria Docampo.
Siguiendo su trabajo, me enamoré, aún sin leerlo, de "La grand fabriqué de mots" (La gran fábrica de palabras), libro infantil que Valeria acababa de ilustrar y se estaba lanzando apenas en Europa (la autora, Agnès de Lestrade, es francesa).
Eso fue hace casi 5 años, en el año 2009, y no tenía como conseguirlo acá en Buenos Aires. En el año 2012 viajé a Europa y en la misma lista de lugares para visitar estaba la misión de traerme ese libro. Pregunté en todos los países por donde estuve: Francia, Bélgica, Holanda, Portugal y España. NADA. No tuve éxito, nadie lo tenía, todo agotado.
Decidí esperar que algún día saliera una edición argentina y me olvidé del tema.
Hace menos de un mes, cuando estuve en São Paulo visitando a mi hermano y su flia, nos fuimos de paseo por la Avenida Paulista, la más tradicional de la ciudad. Entramos a una de las tantas librerías, nos quedamos un buen tiempo recorriendo y elegimos un par de libros, obviamente. Fui a la sección infantil porque es mi favorita - sí, sí y sí - y me entretuve un rato con la cantidad de cosas que había. Ya me estaba yendo a pagar cuando mis ojos, casi distraídos, pasaron por algo que me llamó la atención. Dado vuelta para una especie de vidriera interna estaba allí, como esperándome, un ejemplar (el último!) de "A grande fábrica de palavras", edición brasilera del tan buscado libro.
No podía creer. Lo agarré, miré bien y leí unas cuantas veces la tapa para estar segura: Agnès de Lestrade y Valeria Docampo. Sí, era él. Con una sonrisa indescriptible lo sumé a la pila que tenía en los brazos hojeándolo una y otra vez.
Hoy ya integra la biblioteca de casa. Los puse cerquita de Cortázar porque me pareció muy al estilo "andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos".
La historia habla de una ciudad en dónde las palabras se compran y por eso cuesta mucho decir lo que uno quiere. Como fanática de las palabras que soy, atendió totalmente mis expectativas y me hizo como una cosquilla en un deseo que a veces me da vueltas, de largar el mundo adulto - que nunca dejó de serme una especie de sacrificio - y dedicarme a escribir/traducir/publicar libros infantiles. Quién sabe?




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