14.8.13

De oso a abeja :o)

Resulta que, en lugar de convertirme en un oso, en los últimos meses terminé destinada a ser una hormiguita. No, mejor, una abeja. Porque las hormigas son muy organizadas y constantes y las abejas combinan más con mi estilo. Caminan, saltan, vuelan, ni muy graciosas ni constantes, tal vez. Aparentan no estar haciendo algo con sentido pero, en realidad, andan por ahí con grandes responsabilidades.
En mayo se agregó otro proyecto, otro trabajo. La rutina pasó a ser salir de casa a las 8h, estar en Florida oeste de 9h a 16h, ir corriendo a la parada del cole y tratar de estar en Palermo a las 17h. Quedarme hasta las 23h maso y, finalmente, volver a casa. El estado de vida que suele llamarse de DOBLETE.
Acepté hacerlo porque sería temporario, porque no tengo hijos, porque sobran ganas y, sobre todo, por un objetivo MUY concreto.
El lado bueno fue no dejar pasar una buena oportunidad de aprender y tener el cerebro siempre prendido. Lo malo fue no tener tiempo para NADA y sentir que hay días en que no se puede controlar ni el físico ni la mente. Cuando no da, no da.
Estuve así hasta el viernes pasado. Cerré unos de los trabajos, misión cumplida y aprendida. Ahora queda uno que, en dos meses más o menos, también termina. Son las vueltas de la vida sin relación de dependencia y lo mejor que se puede hacer es aprovechar la marea como venga.
En medio a todo esto, logré concretar la meta principal. Me mudé. NOS mudamos. Salimos de la comodidad "cada uno en su depto" a una vida en común. Contra todos los consejos, nos arriesgamos a firmar la escritura de una casa juntos sin haber cumplido un año de conocernos, menos aún de estar juntos.
Como que hay certezas que terminan funcionando como motor. Y si la misma "mecánica" funciona de los dos lados, la potencia es tremenda.
Ya pasó la primera mitad del año. La sentí entera, viví a mil cada mes, cada día. Pero, al mismo tiempo, siento que fue despertarme y volverme a acostar, un desayuno atrás de otro. Pasó entre una y otra cebada de mate.
Aún falta, faltan montones de cosas. Falta cerrar guiones, entregar episodios. Encontrar nuevos proyectos, pensar seriamente en una relación de dependencia.
Faltan muebles en casa, tirar paredes, refaccionar rincones, que vengan los días lindos, poner la parrilla y hacer asados. Falta pagar gran parte de los préstamos que fueron necesarios para llegar a ser "dueños". Falta sentir verdaderamente el matrimonio.
Pero podemos ir a la velocidad que queremos. Y no nos para nadie.

Foto publicada por la inmobiliaria. Era "vendo depto" ahora es "Villa Golondrina"


© Circo GolondrinaMaira Gall