6.2.10

María Luisa de Chagall y de Girondo

Me pasa muy seguido de asociar palabras con imágenes. Una vez, en una clase se semiología, estábamos leyendo "Dos vestidos" de Felisberto Hernandez y, de repente, como un flash, se me cruzó un cuadro de Rene Magritte. Al final de clase, se lo tuve que decir a la profe. Y ella me dijo que ese iba ser, entonces, mi trabajo final para la materia. Fue mi primer y único 10 en la facultad.
Me pasó lo mismo con mi nuevo libro de Chagall. Vi el cuadro "El paseo" y ni bien mire a la mujer, me pareció que la conocía de algún lado. Otra vez el "click" mental y ya sabia quien era: María Luisa, la voladora del texto de Girondo.

Dejo los 2 para que comprueben:

"No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible - no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. "
© Circo GolondrinaMaira Gall