9.4.09

Como los monos

Mientras leo "Las venas abiertas de América Latina" - y me controlo para no cortarmelas por lo que voy constatando - me siguen llegando textos de Galeano.
Acabo de recibir este y me pareció absolutamente compartible. Disfruten:
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EL AMOR
En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas. -¿Te han cortado? – preguntó el hombre.
- No – dijo ella – Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:
- No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa. Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:
- No te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca. Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos y gritaba: lo encontré!! ¡Lo encontré!!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
Es así – dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.
(Eduardo Galeano, Los nacimientos)
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. Muchísimas gracias a La Marieta que siempre me brinda con ese "Mar de fueguitos".
© Circo GolondrinaMaira Gall